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Una cita de Lord Byron dice: “Hay placer en los bosques sin senderos, hay éxtasis en la orilla solitaria” Habla del que busca placer en la soledad encontrada, por el simple hecho de disfrutarla. Está claro que hay momentos en nuestra vida que buscamos la soledad, aunque solo sea durante periodos muy cortos y sin tener que irse a playas recónditas o a bosques ocultos, como sugiere Byron. Simplemente estar en silencio, en un entorno solitario y recrearnos en nuestros pensamientos, buscando paz, respuestas, sosiego…cada persona quiere algo distinto en distintos momentos.

Esto está genial, todo muy onírico e ideal, pero ¿Qué ocurre cuando esa soledad no es buscada, cuando nos oprime, nos angustia o, sobre todo, nos entristece? Como cualquier cosa en la vida, lo excesivo, repetitivo e impuesto supone un peso, algo que es difícil de sobrellevar, sobre todo si no hay manera aparente de escapar.

La soledad es, con seguridad, uno de los males de nuestro tiempo. Sustituida frecuentemente por la interacción en redes sociales, donde todo el mundo parece tan feliz y con una vida ideal, donde sus opiniones son categóricas y las metas tan alcance de la mano, y que supone una copia falsa de vida real, del contacto humano, de la aceptación de como somos y de como son los demás, sin etiquetas ni postureo, de la socialización humana, en definitiva. No dejarse arrastrar por esta tendencia y tener la consciencia de que la realidad virtual y las redes sociales son solamente herramientas, bien para mantener contacto o información o mero entretenimiento, es crucial.

Tal vez la respuesta a como huir de la soledad es precisamente lo contrario, es decir, no intentar la huida, si no aceptar que la soledad a veces forma parte de nuestro recorrido vital, para bien o para mal. Aprovechar la ocasión para aprender de nosotros mismos, para aceptarnos, para cuidarnos y, porque no, para reconstruirnos.

Evidentemente cada persona es un mundo en si misma y cada circunstancia es única. Hay muchas ocasiones en que la soledad se convierte en sufrimiento, en dolor y en tristeza difícil de sobrellevar, aunque pase desapercibido para los que te rodean. Ese es el momento de buscar ayuda, de abrirte y de contar lo que te pasa, sin vergüenza y sin complejos. Dar ese primer paso, es dar el primer paso hacia la libertad.

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